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domingo, 4 de mayo de 2008

La otra Jugada de Richard Páez



Tras construirse una imagen de líder deportivo a fuerza de un trabajo exitoso en los terrenos del fútbol, Richard Páez Monzón ha vuelto a tomarle el pulso a la cotidianidad que discurre entre las altas montañas de Mérida. Su hogar, su familia y su trabajo retoman el tiempo de una agenda en la que un abrazo entre hermanos es la jugada que más se celebra.


Por: Nilsa Gulfo

Fotos: Armando Sánchez


El 31 de diciembre de 1953 no fue fácil para Dora Alicia Monzón de Páez. En medio del alboroto que significa despedir el año, le tocó la tarea de parir al cuarto de sus doce hijos: Richard Alfred Páez Monzón.

Con el paso de los años a Doña Dora Alicia la casa se le fue llenando de muchachos, todos varones. Con ese batallón no le quedó otro remedio que asumir las riendas y el control, mientras su esposo Guillermo Enrique Páez trabajaba como Psiquiatra. Allí, en ese hogar se crió Richard Páez, junto al resto de sus hermanos, tratando todos de cumplir el sueño de convertirse en futbolistas.

En nombre de la matrona

Sin duda alguna la figura materna tiene un lugar privilegiado en la vida de los Páez Monzón. Fue la mujer que puso orden y disciplina en el hogar hasta sus último días y quien los apoyó incondicionalmente frente a los avatares de la vida.

Hoy Richard Páez, convertido en figura referencial en el fútbol venezolano, la recuerda como esa madre de un carácter recio, pero llena de amor. La describe como esa pieza fundamental del territorio familiar, el mismo al que defendía cual leona cuando de defender a sus hijos se trataba.

Con un hondo suspiro el líder ex Vinotinto asegura haber comprendido esa actitud. No era fácil- asegura- domar a doce muchachos. “Hubo un tiempo en que vivimos en Maracaibo, pero luego papá se quedó y nosotros regresamos a Mérida. Era una vida medio extraña, pues cada vez que mi papá venía a Mérida dejaba la semillita y se iba a Maracaibo…así hasta que nos convertimos en doce”, explicó

Hoy en día, a casi un año de la partida de Dora Alicia, los doce hermanos siguen reuniéndose en honor a la matrona. De esos encuentros familiares habló Páez como si se tratara de un ritual. Explicó que su madre, fue quien les enseñó a todos los hermanos que cuando se trata de familia debe predominar un principio: “Uno para todos y todos para uno”. Según Páez así se seguirá haciendo.

Con la suerte a favor

El país conoce a Richard Páez en las canchas, en el escenario deportivo y en el furor de un trabajoso día de juego. Lo hemos visto durante los encuentras caminando de un lado a otro como un tigre enjaulado dando indicaciones a los jugadores, celebrando los goles o mover airadamente la cabeza cuando las cosas no marchaban bien en el once nacional. Sin embargo, en la intimidad es un hombre que respira sosiego y tranquilidad. Calmado y de hablar pausado, pero conversador por naturaleza.

Lo encontramos un mediodía en su consultorio de la Clínica Mérida. Allí desde donde hace años cumple su trabajo como traumatólogo. Estaba vestido con otro uniforme, una bata blanca como símbolo de su faceta como médico, especialista en traumatología. Su secretaría afuera trataba de ordenar la lista de sus pacientes.

Al mundo de la medicina llegó por convicción, según dice, pues a la par de su pasión por el fútbol tenía su vocación y era la medicina. Este título lo obtuvo en la Universidad de Los Andes en 1976. La siguiente meta sería una especialización. No dudó en tomar la traumatología como opción y lo logró luego de cursar esos estudios en Argentina.

Con estos grados en la mano entró a trabajar en la Universidad de los Andes, específicamente en el Centro de Asistencia Médico Odontológico de la Universidad de los Andes, de donde se jubiló hace poco menos de un año y desde donde se destacó como uno de los mejores en su campo.

Amor a primera vista

Richard Páez está convencido que el amor a primera vista existe. Lo comprobó ese día cuando, siendo jugador de Estudiantes de Mérida, por allá en los años 70, fijó la mirada en una de las Cheerleader que aupaban a su equipo. Era Lidys Yajanira Gómez de quien dice haber recibido un hechizo que lo llevó al altar en 1973. El hechizo continua, pues hasta ahora ha sido la fanática número uno y su máxima inspiración, según confiesa Richard Páez.

Para este ex deportista el trabajo de conformar una familia no fue tarea fácil. Dificultad para concebir permitieron que la llegada de un sólo hijo se retrazara por muchos años. “cuando prácticamente habíamos perdido las esperanzas de tener familia, Dios nos concedió el milagro de tener un hijo que hoy en día es nuestro mayor orgullo”. Ese milagro tiene actualmente 24 años y se llama Ricardo David Páez Gómez, una de las principales figuras del fútbol nacional. Este hijo único está casado y tiene una hija de cuatro años.

A fuerza de pastelitos

Richard Páez no tiene reparos en confesar que es comelón por naturaleza. “Me gusta mucho la comida merideña, sobre todo los pastelitos. Me como los que me pongan. No tengo esos gustos refinados y no le doy problemas a mi mujer por comida”. Eso es lo que responde Páez cuando se le pregunta por esas preferencias a la hora de sentarse a la mesa.

Lo que si deja claro este famoso personaje es que nunca le ha gustado entrar a la cocina a preparar un plato. Su esposa tampoco lo hace. Esa tarea se la dejaron a una señora que desde hace 13 años los acompaña en las labores domésticas. Para Páez, ella, más que una trabajadora ha sido una compañera que ha estado en las buenas y en las malas. Lo que si asegura es que le gusta visitar los restaurantes de Mérida, donde preparan comida, sobre todo merideña

Cuando habla de un día normal, Richard Páez explica que las mañanas son para las consultas a sus pacientes, en las tardes para el descanso y para acercarse más al acontecer nacional…tema que, según afirma, le preocupa y le ha preocupado más que un partido de La Vinotinto.

Del otro lado de la acera

A estas alturas de su vida Richard Páez Monzón respira con alivio. Las calles de Mérida se han acostumbrado de nuevo a verlo caminar de un lado a otro. Igual que hace unos años cuando su rostro no era tan reconocido como ahora. La gente lo ve y lo saluda como si fuese un amigo que volvió de un largo viaje… de un gran y exitoso viaje.

No puede evitar que los niños le pidan autógrafos y que los padres de éstos le estrechen la mano en señal de apoyo y solidaridad. Ahora para el ex técnico de la selección Nacional de Fútbol, Mérida se ha vuelto, una vez más, cotidiana.

Los merideños, esos que se saben la cartilla del balompié, conocen a Richard Páez desde hace años. Desde cuando en 1972 debutó con el equipo Estudiantes de Mérida Fútbol Club y lo despidieron en 1988 cuando colgó su uniforme para probar otros terrenos.

Sabía que su estancia en ese grupo no era eterna. Por ello, habló de esa imagen que quería dejar en el recuerdo de los venezolanos. “Sólo quiero que me recuerden como el hombre que hizo el mayor de los esfuerzos para lograr que nuestro país dejara de ser el patito feo en el fútbol y dejara de estar en los últimos lugares”.

Obviamente eso se ha logrado. El merideño no sólo ya es una especie de héroe nacional al colocar al equipo venezolano a medirse y codearse con los colosos del fútbol, sino por ser catalogados como uno de los 20 mejores técnicos del mundo y como quinto en América Latina.



viernes, 18 de enero de 2008

Para Mirar las Estrellas




La diversión es nocturna en el Centro de Investigaciones Astronómicas de Mérida. Quienes deseen ver el cielo y todo su esplendor, sólo tienen que ir bien abrigados y con ganas de disfrutar


Nilsa Gulfo
Fotos: Armando Sánchez


Júpiter fue el encargado de coquetear esa noche. La época se prestaba para que el planeta más grande del Sistema Solar se mostrara en forma. Y, no para variar, este gigante se hizo acompañar por dos de sus satélites y por una infinidad de estrellas que le bordearon durante la noche. Eso fue parte de lo que se vio desde uno de los cuatro grandes telescopios que posee el Centro de Investigaciones Astronómicas “Francisco J. Duarte” (CIDA), ubicado en pleno páramo merideño.
Júpiter como parte de nuestra galaxia se convierte en un punto de esa gran franja blanca que durante las noches se ve atravesando el cielo de lado a lado y que los romanos, hace siglos, llamaron camino de leche. Es esa Vía Láctea la que le quita el sueño a los astrónomos y la que deslumbra a los visitantes.
Fundado en 1975, este observatorio tiene en su haber un abanico de posibilidades para quienes lo escogen como destino turístico. El afortunado visitante no sólo tiene la posibilidad de encontrarse con el maravilloso mundo de la astronomía, sino que es un espectador natural, cuando la nubosidad lo permite, de un hermoso cielo estrellado.

Ubicación privilegiada

El municipio Rangel es el asiento de este Observatorio Nacional, llamado también de Llano El Hato, precisamente por su vinculación con la población que lleva el mismo nombre. Su cercanía con la ciudad de Mérida y con otros atractivos, como la Laguna de Mucubají y Pico El Águila, lo convierten en sitio casi obligado para una la travesía turística por el páramo.
No obstante hay que tomar ciertas medidas cuando se toma la decisión de ir al contacto con las estrellas. El hecho de estar ubicado a una altura de 3 mil 600 metros sobre el nivel del mar hace del observatorio un lugar bastante frío. Allí la temperatura media, durante el día, es de 15 grados, pero en la noche puede bajar hasta los dos grados centígrados.
El acceso al sitio puede hacerse bien sea por la vía que conduce a la población de Apartaderos o por la vía de la Toma-Mitivibó-Llano El Hato.

Aventura vs conocimiento

Cuando el presidente del CIDA, Eloy Sira Galíndez, habla de las bondades de este centro de investigaciones asegura que ha visto como los visitantes caen rendidos ante el espectáculo.” La persona viene por un atractivo turístico y se convierte en una aventura del conocimiento. El visitante de repente es atrapado por lo que ve, especialmente cuando observa los planetas junto a ese cúmulo de estrellas”.
A estas alturas, después de más de 30 años de fundado, este centro de conocimiento ha abierto las puertas para los aficionados y curiosos visitantes, también lo ha hecho con escuelas, liceos, fundaciones y todas las instituciones, amén de las investigaciones que son la razón primordial de la existencia de este espacio científico.
Para la máxima autoridad del CIDA, de entrada, los que se acercan a esta imponente estructura, se topan de frente con un museo que da cuenta, a través de un recorrido, de lo pequeños que somos frente a ese infinito universo. Este museo, a través de una narración, explica las características de las galaxias, ubicación de los planetas y en general todo lo que refiere nuestro universo.
Después de este abreboca, sólo queda la observación. Una excursión a las cúpulas muestra a los visitantes los cuatro telescopios donde se realizan las investigaciones. Un especial alto se hace en el telescopio Refractor, donde se cumple el sueño de observar los planetas y otros cuerpos celestes.



Un poco de historia

En 1950 el doctor Eduardo Röhl tuvo un importante encargo como director del Observatorio Cagigal. El gobierno del General Marcos Pérez Jiménez tenía dentro de sus planes instalar un observatorio astronómico en alguna parte del país y lo comisionó para que, en Alemania, adquiriera los equipos para tal fin.
La firma del contrato en 1954 vino acompañada de varios hechos que paralizaron el proyecto. Los cambios políticos y la muerte del doctor Röhl fueron las causas fundamentales.
Fue en 1960 cuando el físico y matemático Francisco José Duarte revivió el ambicioso proyecto, pero no para Caracas como estaba establecido, sino para otro sitio del país. Pasaron dos años para que científicos nacionales y extranjeros encontraran el lugar idóneo para el observatorio, que mediría sus cualidades con los más importantes del mundo.
La mejor opción vino entonces desde Mérida. Fue la Universidad de Los Andes (ULA) la que ofreció realizar un estudio de resistencia al suelo y subsuelo en varias partes del estado. Se eligió una colina, que se encontraba de frente con el pueblo de Llano El Hato, para instalar el centro astronómico. El terreno fue adquirido por esta universidad.
El reto entonces era trasladar más de 200 toneladas de hierro, en forma de vigas curvas, además de otros materiales, hacia el sitio. Para ello se contrataron gandolas de otras partes del país, las cuales desafiaron las condiciones climáticas y la empinada vía para llevar la valiosa carga a su destino.


Observación para todos los gustos

El Centro de Investigaciones Astronómicas tiene cuatro telescopios, que según la información destacada en la página Web de este organismo, se miden con los más potentes del mundo. En su totalidad de fabricación alemana cada uno cumple una función distinta. Veamos:
Telescopio Schmidt: tiene la cuarta cámara más grande del mundo. Este instrumento es idóneo para proyectos que involucren la búsqueda de objetos específicos sobre extensas áreas en el cielo. En una noche este telescopio puede escudriñar el uno por ciento de la totalidad del cielo.
Telescopio Refractor : es uno de los más grandes del mundo, con un peso de más de 10 toneladas, es empleado para precisar las posiciones de los astros sobre la bóveda celeste.
Telescopio Reflector: En su rastreo del cielo, este telescopio utiliza espejos de precisión y de lentes correctivos. El trabajo de ambos consiste en fijar la luz de los astros y ampliar su imagen. Con este instrumento se obtienen en segundos imágenes que, con técnicas fotográficas tradicionales, tardarían horas de exposición.
Telescopio Astrógrafo Doble: a casi medio siglo de su fabricación, fue en este año cuando se puso en funcionamiento. Como su nombre lo indica este aparato consta de dos telescopios montados en paralelo. Su función primordial es fotografiar grandes porciones de cielo y, sobre todo, captar ubicaciones de cuerpos celestes.
Con estos cuatro telescopios el CIDA ha ganado terreno como uno de los centros más importantes de investigaciones astronómicas del mundo. No por casualidad en estos momentos están en la mira de grandes investigadores por haber observado el grupo de estrellas más jóvenes de la galaxia, según lo confirmó el propio presidente del centro, Eloy Sira.

Museo con vista al espacio

Es la primera parada. Uno de los once guías que están en el CIDA se encarga de animar a los asistentes a ver, en cada uno de los pequeños cubículos, una escena que remita a lo que podemos encontrar en el infinito espacio. Una narración grabada va contando cada una de estas escenas y enseña a los observadores sobre la composición de las galaxias y de cuanto tardaríamos, en años luz, si llegáramos a cada una de ellas, cuestión que en estos momentos resultaría imposible.
Leonardo Sorondo es uno de esos funcionarios y ha sido testigo de lo impresionados que quedan los visitantes cuando entran al museo. Asegura que este espacio igualmente está hecho para que el público en general tenga conocimiento de lo que se está haciendo en el centro. En general asegura que el variado perfil de quien llega, pues están los que no saben que el sol es una estrella, hasta los fanáticos del mundo espacial.
Como información complementaria explicó que el CIDA está abierto todos los días a partir de las dos de la tarde y las visitas se extienden hasta la medianoche.