sábado, 24 de mayo de 2008

Con el jazz en las venas





Johann Espinoza es un músico merideño, reconocido ampliamente por ponerle un sello personal al jazz. Con su grupo “ Bajo Sospecha” demostró que ese género musical tiene quien lo defienda a capa y espada.


Por Nilsa Gulfo

Fotos: Armando Sánchez

Desde los diez años Johann Espinoza ha demostrado que su pasión musical le viene en los genes. No era fácil desvincularse del género cuando su madre Fanny Teresa Moreno y su padre Jorge Luis Espinoza demostraban constantemente sus dotes de cantantes y músicos autodidactas.

Todavía recuerda su primera incursión en el mundo musical. Tenía doce años y un festival en su escuela le dio la oportunidad de demostrar su fortaleza en el manejo de la guitarra. Nunca vio la cara de asombro de los asistentes cuando magistralmente tocó el instrumento, pero si oyó una ovación que lo aturdió. En ese momento se convenció que su destino iba a estar íntimamente ligado con la música. Por ello empezó a participar en cuanto festival se anunciaba.

Invasión musical

Los fines de semanas, fiestas de cumpleaños y toda reunión social en la casa de los Espinoza Moreno tenían una particularidad. La música para alegrar el ambiente la colocaba la familia completa. Fanny y Jorge Luis le daban rienda suelta a su amor por la música venezolana cantando y tocando cuatro. Mientras tanto sus cinco hijos le seguían el ritmo con varios instrumentos.

Entre ellos estaba Johann, el mayor de todos y quien había desarrollado una especial atracción por los instrumento de cuerdas. Esta atracción lo llevó a que como autodidacta aprendiera a ejecutar 15 instrumentos entre los que se cuenta la guitarra, el cuatro venezolano, bajo, mandolina, el cuatro puertorriqueño, la vihuela mexicana, entre otros.

Ya a los 19 años este merideño había pisado unos cuantos escenarios como ejecutor de la guitarra y de otros instrumentos de cuerda. Había salido victorioso de los concursos y festivales en los que participaba. Pero sobre todo le había agarrado el gusto a una tendencia que ha sido su carta de presentación a lo largo de sus 25 años de carrera como músico: el Jazz. Ha sido con este género musical con el que ha cautivado a los conocedores de la música. Confesó que a pesar de la cantidad de propuestas, nunca quiso salir de Mérida a hacer carrera en otros lados.

Con el oído por delante

Johann Espinoza no piso aulas de clases para aprender a tocar la guitarra, tampoco lo hizo para hacer magia con el bajo. Apenas a los 19 años se interesó por tomar en serio la música como profesión y para eso debió deshojar la margarita y escoger entre ser músico o profesor de historia el arte.

Por supuesto la primera opción la tuvo la música. Sin embargo no estaba preparado para la respuesta que le dieron en la Escuela de Música de la ULA. “A los 19 años estaba muy viejo para estudiar música”. Con esta amarga sensación le hizo caso a su amigo Pablo Gil, quien le había hablado de una academia que se había fundado en Caracas y cuya idea nació de un grupo de músicos formados en Estados Unidos. La opción le gustó, sobre todo porque el aprendizaje musical iba más allá de lo clásico y se trabajaba con una tendencia musical moderna. Allí estuvo un par de años. A la par se presentaba en sitios nocturno, donde siguió cultivando su arte, pero también aprendió a sobrevivir económicamente en la capital.

Decidió, sin completar los estudios, regresar a Mérida en 1989 y fundó el grupo que lo ha acompañado hasta ahora: “Bajo Sospecha”. El regreso sirvió también para cumplir su sueño de ser profesor de historia del arte al graduarse en la Universidad de Los Andes.

Con su grupo ha pisado varios escenarios y empezó a abrir un espacio para los amantes del jazz en Mérida. La introducción de varios instrumentos de cuerda en el repertorio, marcó el rumbo de este grupo. Ya sus presentaciones eran las más comentadas y sus fans fueron apareciendo como por arte de magia. Sus apariciones en sitios nocturnos de Mérida convirtieron a este grupo en una buena referencia para quienes querían oír un jazz con un toque personal. Era Johann Espinoza quien con su magistral manejo de la guitarra, cuatro, mandolina y bajo hacía que las noches bohemias se estremecieran. En sus repertorios podían incluir hasta 15 instrumentos de cuerda, que eran todos amansados por las manos de este merideño, mientras el saxofonista Pablo Gil y Jorge Luis Espinoza como percusionista y pianista hacían lo propio.

No era fácil abrirse paso frente a un estilo-según Espinoza- que muchos consideran descontextualizado y nada comercial. “yo lo que intento es mezclar instrumentos y hacer una fusión sin discriminar ningún instrumento en el jazz”.

Asegura tener un secreto para que el público quedara cautivado. “Cada vez que tocaba, pensaba que iba a dar un concierto, así fuera la tagüara más humilde. Cuando se quiere salir del montón se debe hacer un trabajo impecable”

Hace cinco años, luego de 25 de conciertos y reconocimiento, el grupo decidió retirarse de los escenarios para plantearse nuevos planes. Estas metas estaban enfocadas a grabar esas canciones que estuvieron cultivando a lo largo de sus presentaciones. Ya llevan tres excelentes producciones y una cuarta en puertas. Al mismo tiempo Yohann Espinoza, se convirtió en profesor y dicta clases de música en su casa.

Cada cosa en su lugar

Para apreciar el talento de este músico hay que verlo y escucharlo. Durante la entrevista exhibía sus dotes de guitarrista y hasta ejecutó tres instrumentos de cuerdas que ha diseñado el mismo. Uno que se llama Guitarpola, que es una mezcla de guitarra con arpa y del cual sale un exquisito sonido. Otro instrumento que salió de su creación es la Bandola Llanera de seis cuerdas, que igualmente utiliza en sus composiciones musicales. Pero un instrumento que para el fue un reto es la “ Sitarpa”, que es un híbrido de un instrumento hindú llamado Sitar al cual se le ha anexado las cuerdas de un arpa. Por supuesto el sonido que emana es extraordinario. Todos estos instrumentos forman parte de la inspiración de Espinoza y sólo el que lo escucha o lo ha escuchado sabe que un toque personal siempre ha rondado su tendencia musical.

Recuadro 1

Con nombres propios

Tres producciones forman parte del intelecto musical del grupo. Cada uno con su explicación propia. El primer disco llamado “Debe estar Nevando” se refiere a esa expresión muy merideña que se remite a los días fríos y nublados en donde el sol no aparece en todo el día. Una segunda producción llamada “Senderos” está más relacionada con una búsqueda musical donde se ensambla en el jazz, la música venezolana y latinoamericana. La tercera propuesta llamada “La Danza del Gallo Patuleco” se hizo como un homenaje a un gallo que se tenía en la casa y que por un accidente quedó cojo. La particularidad del asunto es que este animal después del contratiempo no cantó más. Sólo los saraos familiares domingueros lo hicieron volver a sus fueros. Asegura Johann que el gallo cantaba y bailaba cuando la familia se reunía a cantar y tocar. La cuarta producción ya esta en camino y tiene nombre: “Los Dones de la Montaña”.

Espinoza se refiere a estas creaciones musicales como un gran esfuerzo en conjunto. Esfuerzo que asegura no han dejado a pesar de ya no estar en los escenarios.

Hoy mira con simpatía esos nuevos talentos que están saliendo a la calle y que muchos de ellos han pasado por sus clases. Por los momentos tiene más de 20 alumnos que asisten a sus clases tres veces a la semana. Muchos de ello con la esperanza de aprender el arte de la música y entrar en ese mundo.

Karim Habib-El Fakaa es uno de ellos. Llegó allí por referencia y por la fama de Johann. El joven de 17 años quiere tocar la guitarra, aún cuando ya tiene un pequeño camino recorrido como autodidacta. Por ahora disfruta sus clases y tiene como meta estudiar administración en la ULA y después sí, estudiar música. “debo trabajar primero para poder pagar la carrera de música porque es muy cara”, expresó.